En esta noche fría de silencio profundo
me acuerdo de la historia de un pobre
pobre hombre, un vendedor de frutas
que siempre y por doquier
desplegando sonrisas, reconfortaba el ánimo
a quien veía triste o a quien veía llorar.
Él me dijo una vez: Yo no tengo riquezas
y eso no me entristece porque tengo un amor
ahí por un ranchito
y para mi no hay riqueza más grande
cuando ya cansado de buscar
quien me compre las frutas
regreso a mi ranchito
donde siempre feliz me espera mi amorcito
y con tierna sonrisa
me consuela y alienta.
El vendedor de frutas una noche se fue
y aun no ha regresado, quien sabe si lo hará
dicen los que lo vieron
que sus ojos lloraban.
Nunca me he dado cuenta
por qué se fue aquel hombre
llorando amargamente lágrimas dolorosas.
Ha corrido la voz de que lo sucedido
fue que se quedó muy solo
porque su amor partió
cuando él menos pensó
que ella lo dejaría,
su amorcito se fue
al viaje sin regreso…