Yo vivo recordándote
cada segundo de mi vida,
en la acera de la calle
cuando voy caminando,
o en el jardín del hospital
en que trabajo,
en el bullicio de la gente
comprando en el mercado,
o en el silencio
de mi cuarto frío.
Te recuerdo
cuando el rencor
disfrazando su rabia,
espera el momento de herir,
tan solo por herir,
cuando leo en los diarios
como se esparce la maldad,
cuando siento la pena
de los mares envenenados
y la soledad
de la mano extendida
que no recibe nada.
Yo te recuerdo a diario,
desafiante,
frente a la mar embravecida de la vida,
batallando en la cocina
o con la escoba por cada espacio de la casa,
y es que tú Madre Querida
fuiste ejemplo, fuiste guía,
por eso sigues siendo luz,
luz que me acompaña
cada segundo de mi vida…