Hay por ahí una perlita
que tiene por nombre gloria
pero yo de vez en cuando
la he de llamar glorita.
Es tranquila y cuando habla
parece que está cantando
parece que está llamando
a las estrellas del cielo.
Yo la contemplé una tarde
en el lugar de mis sueños
ella me enseñó las flores
que adornaban el camino
manojos de jacaranda
ingenuos como glorita.
Recuerdo que ella me dijo
para mi no hay gente mala
ahora comprendo en verdad
la pureza de esa frase.
Caminamos por el prado
hasta que el sol se ocultó
después glorita partía
mientras yo la contemplaba.
Cuando a mi cuarto llegué
contemplé por la ventana
a las montañas lejanas
reflexionando decía:
por fin he encontrado amor.