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DULCE VOZ

Oigo un eco que vibra más allá del silencio
De una voz santa y buena que se sacrificó
Es la voz del que llama al hijo corrompido
Y que alumbra mi alma con la luz de la esperanza
Esa voz que no cesa de llamar día tras día
Al pecador sin rumbo que se forja su tumba
Es la voz de Jesús que al martirio llegó
Para abrirnos la puerta de la eterna Sión